Traducimos desde nuestra cultura

Puede parecer que el título de este post es obvio, pero me he encontrado en ocasiones en las que no lo ha sido tanto. Cuando un traductor se encuentra ante un texto, lo fundamental es que se “ponga las gafas” de la cultura de la lengua de destino.

La mejor traducción es aquella que se hace pensando en cómo son las estructuras sociales, la filosofía de la lengua en la que se está traduciendo para lograr la mejor trasposición del texto. De este modo, conseguiremos una traducción que evoluciona con el tiempo pero que con ello va ganando porque se adapta a la cultura y a la sociedad de las personas que van a leer el texto (o escuchar el discurso).

Con esto no quiero decir que las traducciones más antiguas de El Quijote, por ejemplo, ya no tengan valor, sino que por parte del traductor es necesario hacer un esfuerzo por acercar las estructuras lingüísticas y gramaticales al habla de cada momento histórico.

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